Cuando laboralmente nos rompen el corazón

La vida esta llena de romance, como lo remacha el zorrillo Pepe le Pew. Y más que romance o el esquivo amor, lo que redunda es la ilusión, el sueño ilusorio que choca y choca contra la pared de la cruda realidad.

Pero no solo de este tipo de romances se rompen los corazones inocentes o un corazón se rompe únicamente con el amor no correspondido; hay otros rompecorazones y otros amores. Entonces definiríamos que así como hay amores eros, filios y agapes, igualmente hay amores laborium.

Prosigo en mi teoría…

Así que así como hay amores de fin de siglo o de principio de siglo, amores de telenovelas o de cuentos de hadas, los amores laborium, en principio son muy escasos, son el amor shakespeare del mundo laboral y así como el primer amor, posiblemente solo ocurra una sola vez en la vida.

Definido este amor tan particular, el cual muchas veces te lo habías sufrido como un vallenato de Diomedes y en donde te respondas con un “Ahhhh, tiene razón, eso me acuerda cuando como quería trabajar en_____” Te das cuenta que ese amor o ese tipo de trabajo utópico y etéreo casi siempre es el más difícil de conseguir.

En fin creemos en el amor, en finales felices, en el sueño venezolano y con esos antecedentes caemos y si, nos rompen el corazón. Y todo sucede cuando ese trabajo soñado o esa empresa maravillosa por fin nos llama en uno de sus tantos inquisitivos procesos de reclutamiento, cuando asistimos como niños inocentes a cazar recaudos y a sobornar empleados públicos para agilizar tramites, a escarbar en nuestros arboles genealógicos en búsqueda de algún familiar en quinto de consanguinidad que sea algún funcionario publico para que nos facilite algún documento legal; cuando hipotecamos el LCD con el usurero de la esquina para pagar los taxis y los frescos de los funcionarios públicos. No importa, las trabas, los retrasos, las injusticias, el éxito y la fortuna nos esperan, los 180 días de utilidades y 90 días de vacaciones, la caja de ahorro, el HCM para los viejos, por fin se va la pava macha desempleada.

Hasta que pasan 15 largos días y te das cuenta que ya ese proceso de selección se quedó en papeles y amarga derrota. “No puede ser” te repites y es allí en donde te prometes y recuerdas a ese gran compositor que regaló a la cultura pop de latinoamerica esta frase: “No me vuelvo a enamorar”

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LOS PSICOLOGOS

Ahh, estos flamantes científicos de las ciencias de la conducta humana, casi tan perfectos y sabios como el mismísimo DIos, capaces de entrever que existe en tu psique más oscura, urgar tu pasado y preveer tu futuro; que creen tener la suficiente capacidad moral de juzgar tus actos; casi perfectos y superiores y  que consideran tener autoridad para decir la última palabra de si eres acto para un empleo o no.

Son de temer, no es ninguna clase de paranoia laboral. Los temibles psicologos creen que todo el mundo padece de algún trauma psicológico o trastorno o de alguna patología sexual o sea algún tipo de ninfomanía mezclado con necrofilia y zoofilia; todos somos alguna clase de fenómeno, aberrado o pendejito social; nadie es normal para ellos, todos somos cuestionables menos ellos, porque ellos son los psicologos los semidioses de la postmodernidad.

Perdone los amigos psicologos, pero es que cuando vamos a una entrevista con ustedes nos  ponen una cara de director, para ver si uno afloja y deja entrever alguna fisura, si asomamos alguna rendijita para que ustedes comienzen con sus analisis pseudocientíficos. Y con esa actitud de regodeo, de egocentrismo académico como si uno no fuera profesional también y vio sus tres materias de psicología para comprender un poco de su mundo, pretenden patear con su carota de sargentones, mandandole a uno a pintar casitas y de allí sacar que no somos actos para tal empleo.

Pretenden estudiar la psique humana, no siendo empaticos, humanos. No. no, si no hacen así no son objetivos, si así son los mas subjetivos.

Bueno no voy armar una cruzada contra estos profesionales, pero si dejar claro que en la jauría laboral, plagado de sindicalistas, jaja-jala, sapos, envidiosos, existen estos personajes; peligrosos, porque consideran a todos como anormales, raros y peligrosos; en los cuales está la potestad de darnos ese cargo deseado y muchas serán las historias en que por culpa de un pinche psicologo se haya perdido de conseguir un empleo.

Así que mis hermanos, tenemos que jugarles vivo y medio y ganarles en esas pruebas, porque la psicología no es una ciencia exacta.

¿EL TITULO, EL ANILLO Y EL ORGULLO DE SER UNIVERSITARIO LE SIRVEN A UN DESEMPLEADO?

Estos elementos como una santa trinidad, imbuida de todo un soberano prestigio elevaba a cualquiera a un status social casi similar a los dioses de la mitología griega. Y fue por este prestigio que nuestros padres renunciaron a muchos de sus sueños, para ver a sus hijos en este olimpo.

En donde el tÍtulo, como un pergamino sagrado, testimonio de todos los sacrificios y de todas las bendiciones actuales. El anillo como simbolo de poder y autoridad que sometía a las masas de hostiles y malolientes obreros y bachilleres. Y el orgullo de ser universitario, era casi una aureora mística de una santidad social, era un donaire, una llave sagrada, en donde todas las oportunidades eran tuyas.

Parece la más grande epopeya al cursilismo ridiculo, pero eso era lo que nos vendían abuelos, padres, tíos y padrinos.

La luz al final del tunel, el paraiso terrenal que encontraríamos luego de casi 20 años de chuletas, directores hartones, examenes torturantes, denigrantes reparaciones, apodos humillantes y miles de madrugadas y desvelos.

Y descubrimos que esto era igual que ir a votar, un ejercio de masoquismo colectivo, pero como sociedad debíamos hacer.

Y ahora…

El Titulo, ni siquiera lo enmarcamos; lo zumbamos en un rincón a espera de que algún día pueda ser exhibido con orgullo cuando nos lleguen a llamar de la gran carpa, a ganar como 4 palos y que nos paguen hasta por reirnos en el trabajo.


El Anillo, nos pueden secuestrar por pensar que tenemos real o lo podríamos empeñar cuando no tengamos pasaje para ir a meter un curriculum, por un aviso que salio en la prensa.

Y el Orgullo Universitario, no decimos que fuimos a la universidad, porque estoy buscando como ayudante en una contrata y si digo que soy licenciado me linchan por ser tan cochino, basto y pirata.

Para que le sirven entonces a un desempleado crónico un título, sino para recordarse lo loser que es, lo invisible que es. Te acuerdas que no necesitas untarte crema invisible, como hacía Jerry para que no lo viera Tom, ya que parece que ya lo eres. Al menos mi sobrino cree que el portatítulo es una espada de samurai; algún uso se le ha dado.

Y para que usar el anillo de graduación, para decirle al mundo, que fuistes a la universidad a graduarte de un nulo desempleado. O será que por que no lo uso, es que no me ha dado superpoderes como linterna verde, quizás pueda hipnotizar a los entrevistadores con el poder de su piedra mística.

Y el orgullo de ser universitario, ni se diga, ese se extinguió como los dinosaurios y no queda ni fosiles de él.

Entonces sirven o no sirven.

LA ENTREVISTA

LA ENTREVISTA

¡UPAA!, ¡YESSS! Ya somos tomados en cuenta, alguien necesita  de  nuestros  servicios ¡POR FIN! Nos llaman.

Tenemos una entrevista, alegría para nuestros seres queridos, noticias que decirles los  que todos los días nos preguntan religiosamente si ya estamos trabajando; carboncito  que  aún  mantiene  la  llama de nuestra esperanza; cuenta sin fondo con la que especulamos comprar a todo MERCADOLIBRE.COM.

Revisamos nuestro guardarropa, escogemos la mejor pinta—porque  será  que  siempre se   hace eso al igual que un funeral—nos cepillamos tres veces la boca, ya que no hay hilo   dental  ni enjuague, y esta   obsesión compulsiva  es   para evitar  que  la presión   pudiera hacer  surgir   un    halitosis   inoportuno   e infernal; desempolvamos viejas formulas de física, acerca de aceleración, velocidad inicial, velocidad  final  tiempo, esto con el propósito de llegar a la hora exacta de la entrevista, ni un segundo menos ni un segundo más, ya saben para ganar más puntos con el entrevistador. Y he aquí comienza la paranoia, comenzamos a calcular a que hora exacta debemos agarra el bus, ni pensar en taxi, para que cuando lleguemos a la parada y entremos a la oficina sea la hora exacta de la entrevista, ya que si rondamos afuera esperando el tiempo, pueden llamar a la policía creyendo que eres un secuestrador express.

Vas a camino a tu entrevista, tratando de bloquear a esa persistente imaginación, de no soñar con esa idílica vida laboral, de excelentes compañeros  y  compañeras, jefes  extraordinarios, triunfos laborales, manejando tu Mazda 3 o tu Tucson.

Todo iba bien, hasta que llega el momento crucial.

Siempre nos dejan solos unos segundos y empezamos a respirar profundo y  a  decirnos  “no estoy nervioso, no estoy nervioso” y a controlar esas manos, en donde nos  dan  una  severa artritis   aguda que nos obliga a quebrarnos las manos a cada instante.

Viene el hombre o la mujer y empiezan con una simpatía que produce terror con su batería de  preguntas. De tantas entrevistas ya podemos controlar las manos pero los pies los doblamos  y  lo  cruzamos  a  cada rato, tratando de descargar la tensión del momento.

Vemos al entrevistador de turno como un juez de la  inquisición  o  a un verdugo  de  la  revolución francesa. Y nos   decimos “yo  puedo estar    en su lugar, ese  no  es  más que un tipo o una tipa más”,pero no, cuando comienzan las preguntas complicadas, de las cuales no se de donde sacan; preguntas que  parecen   que  no tienen respuestas, de: “cuando fue tu mayor éxito y no me digas que fue  cuando te graduaste” que  vamos a acordarnos cuando fue ese éxito o “cuando fue el momento que   tomaste  una   mala decisión”  que   vamos a  saber  de  eso,  eso  se  olvida; claro  al  otro día  tienes  una   respuesta   para  eso, porque   no   dormiste pensando que de esa respuesta que diste no te dieron el trabajo.

Luego preguntan por la experiencia, algunos tendrán de que hablar, pero que de los que nunca han tenido un trabajo salvo la pasantía, que digo, de los tres mesesitos pichurros que te dieron a regañadientes.

Esto es una paradoja, para conseguir un empleo necesitas experiencia, pero tienes experiencia  si   te  dan el empleo, pero no te dan  el empleo  por  que  no  tienes  experiencia, pero como  voy a  tener   experiencia  si nadie me da empleo. Pero si dices que cuidaste niños, taxeaste, formaste una cooperativa, diste clases en la Misión Sucre, esa m….. no vale para nada. Es una dictadura,  deberían  de  hacer  una  misión  empleo para resolver este peo.

Luego nos dicen que estaremos llamándole, cosa  que   nunca hacen,   amen  de  los  bienaventurados que si llaman.

Ayy  luego  viene la etapa dura, una  depre  de  magnitudes  galácticas, en la que nos sometemos a un intra-psicoanálisis  introspectivo  despectivo  en  la que  nos  preguntamos: “será  que no   sirvo   para nada” “será que pasé 07 años  en  la  universidad para nada” “será  que me hubiera  ido  mejor  si  me  fuera dedicado  se obrero de la construcción, ve al vecino no fue ni al liceo y ya tiene carr y   tres mujeres” “será que tengo  que doblegar mi orgullo y dedicarme a taxear o meterne a buhonero, o decirle a mi mamá que monte una bodega”

¡AYYY DOLOR!

Pero como masoquistas venezolanos que somos, decimos al menos me llamaron para entrevistarme, de 100 currículum que introduje, me llamaron a una entrevista. ¡YEAH!