Nuestra particular Utopía: Venezuela Indestructible 

Sí nuestra decana es “El Mar de La Felicidad”, cuál será el magnánimo epíteto de esta utopía roja rojita. ¿Y por qué una utopía? lo cual no es ironía, sino un lucido ensayo. 
Diseccionemos este Reino Milenial Socialista. Primero para los críticos, amargados y pesimistas de siempre. Recuerden que no hay que vivir el presente como buscando la felicidad para disfrutar el futuro, sino que hay que vivir el presente a toda plenitud, para no decir luego: “éramos felices y no lo sabíamos” “recuerdo esas convivencias vecinales cuando venían las mexiclap” por ejemplo, entonces darnos cuenta que desperdiciamos la dicha en muchas vivencias la cual considerábamos rutinarias pero que después que la apreciamos con el cáliz de la melancolía, llegamos a ver esos maravillosos momentos que no valoramos en ese fugaz pasado. Entonces de acuerdo a este argumento, en estos momentos de brutal desabastecimiento y de encarnizada guerra económica, se podrían estar perdiendo muchas de estas valiosas perlas. Es cierto que se está viviendo en el país al revés, en ver a efectivos del honor es nuestra divisa, siendo unos vulgares parqueros de colas, vigilantes de los supermercados, cuando deberían estar resguardando las fronteras o al menos cobrando sus coimas en las minas, reservas forestales y miles de alcabalas. Pero el espíritu inicial del Galáctico, el férreo populismo que implantó y lo que aún el clientelismo político que puede cancelar la chequera loca de PDVSA, puede demostrar que se está en una utopía; sí olvidamos un poco los estragos de la Dieta Maduro, el bloqueo tecnológico y económico que produce el vil control de cambio, la brutal inflación, la diáspora de los me iría demasiado, la falta de medicinas en donde te puedes morir por un raspón; la revolución alimentaria por las inéditas arepitas de yuca, batata y auyama, la renuncia al progreso tecnológico en las telecomunicaciones y internet porque CANTV es un cementerio, CONATEL es el policía de los medios y el resto de operadoras están a punto de declararse en banca rota; el campo venezolano parece un capítulo de la tierra sin humanos o en versión criolla: “el gobierno de los chavistas”; ser las únicas panaderías en el mundo donde la gente pregunta si hay pan; en fin estas y otras escatológicas calamidades que están definiendo ser venezolano. 
Aunque esas pocas calamidades puedan sonar más a que vivimos hace rato en una distopía petrolera, tampoco es para tanto; no se ha caído en la hambruna como en Sudán del Sur o en la ola de refugiados de Siria, ni tampoco se padece una cruel dictadura como los hermanos en Corea del Norte. A duras penas se puede comer al menos dos veces al día, claro las proteínas son casi una figurita en los libros de educación para la salud de la años 90’; aún se puede criticar al gobierno, los patriotas cooperantes no están tan extendidos y un condominio en el Helicoide suena al coco de la MUD. Así que todas estas imágenes dantescas, podrían ser sensaciones de los laboratorios del eje Bogotá-Miami-Madrid. 
Y por qué es una utopía populista, sueño mojado de Marx, el Che Guevara y el Galáctico. Se recreará el día a día de una habitante de esta comuna idílica. 
Principio de semana, toma una unidad de las decenas de trans que el coletazo de la época de las vacas gordas pudo comprar. Qué sistema de transporte más moderno, eficiente, se parece al de Londres, pero no cuenta con nuestros chóferes educados y disciplinados en revolución que no permiten que la actitud dicharachera del venezolano hable en voz alta, hable acaloradamente con sus vecinos y compañeros. Nuestra heredera de las heroínas de esta Indestructible Venezuela se dirige a la oficina del Banco de Venezuela más cercano, allí luego de una kilométrica cola, retira en inmortales billetes de 100 de la beca redentora del momento “Hogares de la Patria” De regreso a su casa, toma un ejemplar de los únicos periódicos que la Corporación Maneiro le provee papel, un “Ciudad Maracay” u otro clon de similitudes doctrinarias, se dirige a uno de la zonas de paz, donde se volvieron a los tiempos de la Venezuela agraria donde podías dormir con la puerta abierta, porque si un raterito se le ocurriera robarte lo denuncias ante el tribunal, civil, penal, de menores, mercantil, laboral, de la moral, la convivencia vecinal, un verdadero TSJ, el cual se llama eufemísticamente “los muchachos”, el Pran delegado de Tocoron o de cualquier centro de reclusión para que le den un patero; ya eso de denunciar un vecino en la prefectura, la policía, el juez de paz, eran los tiempos de la cuarta, en estos belicosos tiempos de la quinta, con “los muchachos” si harán caso a tu reclamo. En materia alimentaria, cada quince días te llega tu mexiclap, alimentos subsidiados para aumentar la fortuna a algún enchufado. ¿Qué hace falta diversión “circo” para el pueblo, además del escaso pan?, este creativo gobierno se le ocurre otra prueba de lealtad, otra etapa de su particular Survival Horror, el Carnet de la Patria, para que la gente madrugue y socialice con sus vecinos en ocho horas de colas, ahora que ya se están olvidando de ir a madrugar a los supermercados, porque los productos regulados ya se están dolarizando.

 

Que nos estamos muriendo de hambre, que nos estamos  quedando rezagados tecnológicamente, que no hay medicinas, que el hampa no está masacrando. Entonces como poseídos algunos ingratos se van del país para ser la servidumbre, no de Europa o Norteamérica, sino en algo más vergonzoso, en la servidumbre de Latinoamérica. 
Entonces se está en esta utopía, protegida por un estado policial pero hamponil, donde los gobernantes ya no serán elegidos democráticamente sino que basado en el poder de sus AR15 como machos alfas, se imponen tribalmente y bajo coacción desde cobrar sus causas, aplicar desalojos forzosos por manchar la rutina hasta regular la vida sexual de sus sumisos vecinos. 
¿Pero sigue siendo una utopía? Si se lo preguntas a un creativo del SIBCI o algún miembro de una UBCH, Frente Francisco de Miranda, CLAP u otro franquicia ideolizante forjada por el G2 o el españolito Serrano, estamos viviendo en el paraíso del socialismo, en la VENEZUELA INDESTRUCTIBLE no en esa que se mueren sus niños envenenados por yuca amarga, donde los recién nacidos son recibidos en canastillas de cartón. Pero que va, eso es amarillismo en tiempos de bachaqueos, leyendas urbanas bolivarianas, lo más cercanos en casos aleatorios o maquinalmente manipulados por la derecha maltrecha. 
Así que está Utopía Roja Rojita, fingida y coaccionada por el cada vez más escaso pan y circo del momento, salen esos venezolanos secuestrados por el chantaje y el terrorismo del pranato, sonrientes  en las promociones del siniestro SIBCI, recibiendo las llaves de Tu Casa Bien Equipada, las cuales ya suenan a leyendas, las cajas del Mexiclap y otras baratijas que el clientelismo político pretende seguir chantajeándonos. 
De esta manera llegamos a esta progresiva Utopía para algunos y cuenta distopía para otros, que ni Stephen King se hubiera imaginado con su Cúpula. Así que está nuestra Cúpula, la Venezuela Indestructible, con los ojos del Galáctico vigilando los pasos de sus herederos desde el más allá revolucionario.