​EMIGRAR O FARANDULEAR POR LAS REDES SOCIALES

Ya es un fenómeno social venezolano, donde es más probable que conozcas a alguien que está fregando platos en Miami, vendiendo arepas en Quito o lavando parabrisas en Boa Vista que ser atracado. Si es verdad que hay hambre, que la macabra Dieta Maduro no sólo nos ha dejado los cuerpo fitnes sino que nos ha envejecido como diez años; igualmente se entiende la angustia de muchos padres, no hay antibióticos para curar la infección de un raspón, las temibles diez plagas de Egipto, se están materializando con la Difteria, el Paludismo y las que faltarían llegar. Y las humillantes CLAP que ya parecen un mito bolivariano y  la entrega del 50% de toda la producción a este agujero negro de la corrupción, solo presagian hambruna. 
En fin se entiende la diáspora, el partir, el dejar “la casa grande”, el sumir en la angustia a padres y abuelos para hacerse al mar allende o los caminos verdes allende. No se critica que una inmensa mayoría de jóvenes vean que no hay esperanzas de formar una familia, de soñar con un poco de materialismo: con un carrito europeo y un exclusivo townhouse. Esa luz al final del túnel parece no tener fin, salir del pozo cenagoso de esta desesperación parece que no va a ocurrir muy pronto. 

Tampoco se trata de culpar de pesimistas, cobardes a esta diáspora, de pocos optimistas, de no querer esperar un poco más cuando se vaya el ogro rojo y llegar a ver la solidaridad mundial que vendrán con sus capitales a levantar la destrozada economía. Y aún tampoco de recordarles que es verdad que estamos viviendo como mendigos, humillados a comprar por un bastardo sistema del terminal de la cédula,  pero también es verdad que la mayoría de las veces en los paraísos donde abundan los dólares y no se hace cola para comprar una crema dental, vas a trabajarles como servidumbre. 

Esa no es la crítica, no es lo que preocupa, sino que el hype, la moda actual es emigrar; no para matar el hambre, para mandarle la remesa a maíta; sino para algo más venezolano, más banal, más farandulero como  picarse con  los primos y demás conocidos, con las valiosas, sufridas y presumidas postales, posando en esos destinos, a través del Facebook, Instagram o cualquier escaparate 2.0 del ego. Así es, si en la tiempos de las vacas gordas, por allá en el 2008-2009 si no tenías un Blackberry no eras nadie y por lo tanto tenías que vender tu alma, tu riñón, ya que no podías quedarte atrás porque sino como podías socializar sin  este opio, de que ibas a alardear, como ibas a cortejar, como sobresalías en los competitivos grupos en los que te movías, si eras un limpio, un desadaptado, un paria digital. Entonces la opción era: te lo comprabas o te sometías al ostracismo. 

En fin actualmente, parece ser que ya nuestros jóvenes no pueden competir por un iPhone 6, el galaxy 7 y no pueden picarse todos por el snapchat con sus vidas de eterna rumba  porque ya no hay cupo cadivi para reponer smartphone, entonces vuelcan su ansias de posicionamiento social hacia esta necesidad social y trabajan con ahínco,  empeñan sus exiguas propiedades, rematan sus deterioradas propiedades, se endeudan para reunir el pasaje y el porsiacaso, para finalmente fotografiar el símbolo de la diáspora en Maiquetía, así como otras postales, ahora más valiosas, más envidiadas que ir a Disneyworld. 
Así que el Dame tu pin, se transformó en Cuándo te vas para:_________. De esta manera, aparentemente la jerarquía de las necesidades de Maslow, bajó hasta el último peldaño, pero parece que siempre ha estado en el mismo lugar: “en la necesidad de reconocimiento”  o sea farandulear, presumir que yo no me quedo atrás, sí todo el mundo se está yendo yo no me voy a quedar atrás, así pase roncha pero pude llegar a__________, que si  los jóvenes de antes  emigraban de los pueblos hacia  Caracas, Maracay y Valencia; bueno ahora esta generación lo hace más lejos,  a Quito, Bogotá, Cd de Panamá, Lima, Boa Vista,  somos más resteados que nuestros Padres. 

Así que como dicen los expertos, los concejos que se dan a los emigrantes, es que no lo hagan por emoción, que planifiquen, que viajen en grupo, para que después no estén dando lastima y seamos el ranking de los indeseados de América Latina, donde nos estamos disputando el primer lugar junto con los cubanos y los haitianos. 
En conclusión, lo positivo que quedaría de esta diáspora de la dieta Maduro, es la globalización que tendrá la arepa, donde humildemente se codearía con la pizza y la hamburguesa. 
Diáspora, llenemos al mundo de arepas.