Venezuela Distópica

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En estos aciagos momentos para nuestra alicaída República Petrolera, de redundantes emergencias económicas, sanitarias, alimentarias y todo el calamitoso decálogo de desgracias que nos han caído, cualquier epíteto escatológico, le hubiera servido de título a esta nota: Venezuela Apocalíptica, Venezuela en Llamas, Venezuela Doomsday.

Los estados alterados, el modo sálvese quien pueda, el pillaje, la anarquía es lo que queda de la segunda independencia, todas las soberanías conquistadas y los pavosos trece motores de la economía; puro bla bla de realitys shows del país de las maravillas del SiBCI  y toda la fauna de enchufados.

Así que asistimos a nuestra propia distopía, a este fascismo hambreador, a este estado policial tergiversado en en el pranato y sus rutina y causas; en el Gran Hermano simbolizado en los ojitos del Galáctico, en su Gulag: la tumba del Helicoide. Quién lo iba a imaginar, que nuestro enfermizo caudillismo, que el virulento mesianismo político, que el contagioso populismo: iban a encerrarnos en nuestra propia novela distópica, que ni Gallegos, ni García Márquez, ni Delia Fiallo  y ni el profético George Orwell se hubieran imaginado.

La Venezuela Distópica, es esa misma que sólo es posible en socialismo, el mismo socialismo castrocomunista que al paciente ritmo de la fábula de la ranita en el estanque a la que han hervido surtiéndole agua caliente de poco a poco, en donde no los han inoculado de trapo rojo en trapo rojo, de pan y circo a pan y circo, de clientelismo electoral, de demagogia, de vulgar populismo pumalaca, de leyes habilitantes y entre otras perlitas propias del puntofijismo y el pérfido castrocomunismo.

Así esta Venezuela Distópica, plagada de angustia, desasosiego y desesperación; temiendo lo peor; sin un atisbo de esperanza o de un repentino outsider que tuerce las maquinaciones de los sátrapas del régimen, que al ritmo de la sonricita siniestra del Psiquiatra, amordaza el instinto fierro de este Bravo Pueblo. Así que a fuerza de un cruento desabastecimiento, colas laberínticas, bichos multiplicados por el hambre (bachaqueros, gorgojos) estado de sitio y toque de queda por el hampa, inmovilizan aún más y mantienen a la gente ocupada, pendiente de su supervivencia, sin atender a sus derechos políticos, económicos, sociales.

La Venezuela Distópica, tiene muchos géneros y tópicos de este estilo literario, como son que la realidad nacional resulta cada día más a una novela política de ficción; el extinto razonamiento de los cada día menos chabestias son clichés de un guión de película de zombies y la profusa propaganda política asemejan a esas sociedades gobernadas por totalitarismos que secuestran el libre albedrío y convierten a sus ciudadanos en seres alienados,  que viven bajo el temor de perder la asignación de su bolsita entregada por los CLAB y otros mecanismos de control que extorsiona mediante el hambre, el desempleo o enterrarlo como preso político.

La atmósfera agobiante, el negro futuro, las nulas esperanzas, la luz al final del túnel con los focos apagados porque le tocó el cronograma de la administración de cargas, presagia que aún falta más calamidades; el hambre puede degenerar en más miseria humana, en bandas de carroñeros, en saqueos a familias;  el régimen se tornaría en más violento en vez de lo caradura que ha sido, usando el miedo para aplastar el despertar que ha ido surgiendo en las masas tras el agotamiento del rentismo petrolero, instalando sus esbirros y su red de delatores, a través de sus sospechosos mecanismos de control, llámese Poder Comunal, Parlamento Comunal y las recién CLAB.

?Pero habrá esperanzas tras este hecatombe roja rojita? Las historias distópicas no son de factoría Disney, las mismas pretenden ser lecciones políticas, éticas, que permitan corregir las miserias que evitarían estos premoniciones; al menos que que  traten de sagas juveniles protagonizada por heroínas juveniles idealistas y valientes. Resulta difícil contar con una Katniss Everdeen cuando la máxima aspiración de nuestros jóvenes es ir al primer mundo o al menos a una hermana república, a lavar platos. Y si se nombra a algún dirigente de Voluntad Popular que pudiera remedar a una heroína, se corre el riesgo de ser etiquetado de golpista.

Qué resta entonces. Calarse sus colas el día del terminal de su cédula. Esperar tu bolsita de Libreta de Racionamiento. Volver al siglo pasado sin Internet, tv por cable, celular. Tener una sana alimentación sin mucho gluten, azúcar, carnes rojas, grasas, cerveza. Resignación o esperanza son las actitudes a escoger; todos son libres de tomar la que su espíritu pueda soportar. Pero finalmente  solo nos quedaría la ayuda del Creador.

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