“Eramos felices y no lo sabíamos” o trastorno nostálgico de la realidad

Partiendo de otra frase nostálgica: “todo tiempo pasado fue mejor” analizaremos esta otra que por ser repetida tantas veces que procesamos las penurias actuales–que en un tiempo pasado resultaban en menos que banales–se ha convertido casi en un lema político derrotista pero sarcástico que pretende alabar cualquier beneficio, recurso, bien, producto básico, utilidad, facilidad o paz existencial que se contaba en la cuarta república y que en este calamitoso Socialismo del Siglo XXI resulta en no menos que tareas mitológicas como las del Semidios Hércules o en alguna tortura china pero made in Cuba, como por ejemplo reponer una bombona de gas, comprar una mísera panela de jabón o un triste pollo de un  MegaMercal ganado por hacer una cola de diez horas; en donde nos lleva a dudar si estamos en la Pequeña Venecia o en Nueva Zimbabwe.

De esta manera, salvando las calamidades políticas y económicas; que igualmente son válidas, vamos a hacer  una crítica a esta expresión, que sin ser yo la reencarnación de Oscar Yanez, creo que debe de ser bien venezolana la misma. Entonces es allí que nos lleva a la definición que me atrevo a colocarle en el subtítulo de este acercamiento a ensayo: Un trastorno nostálgico de la realidad; una especie de utopía anclada en el pasado usada como muletilla para protestar por las actuales penurias; en una falsa ucronía que enmascara un pasado plagado igualmente de carencias; un enunciado filosófico enmarcado no sé en que escuela o tradición filosófica; una paradoja temporal bolivariana o un cliché político engendrado en las protestas febriles del   twitter . Pero también puede ser que es una especie de superación colectiva que nuestra madurez política nos ha dejado, porque en La Cuarta hubo corrupción, suspensión de garantías, acuerdos draconianos con el FMI, acta matavotos, tener que portar un carnet del partido de turno para comprar leche subsidiada, populismo, presos y ajusticiamientos políticos y hasta un remedo de CADIVI; pero al  contrastarlos con los acontecimientos actuales parecen cuentos infantiles de Tío Tigre y Tío Conejo; y es allí entonces que preconizamos la escatológica frase

Entonces, será que los recuerdos nos engañan benévolamente o en esta frase ya casi existencial se encuentra la fórmula de la mítica felicidad.  Sí es así, la misma resulta en un chiste de proporciones cósmicas, porque de acuerdo a la lógica de la frase, en cualquier momento podemos ser felices y no lo sabemos, para luego darnos cuenta 5, 10 o 15 años después  lo felices que eramos en ese entonces. 

La felicidad es irónica, siempre está presente, solo que como idiotas la apreciamos, la añoramos con efecto retardado; al igual que tontos con poco sentido del humor, que entienden un sencillo chiste días después, en este caso como tristes bufones que reconocen los felices momentos cuando ya han pasado, para luego soltar sus sarcasmos contaminados con la política caníbal venezolana.

Así que más que un inocente ejercicio nostálgico, una frase de moda al estilo: “el tiempo de Dios es perfecto” o en una amargura colectiva que en cada nueva escasez que se suma al álbum bolivariano de desabastecimiento, se está convirtiendo en una pandemia psicosocial que denominaremos como este Trastorno nostálgico de la realidad, que entre otros síntomas aparte de la depresión, la paranoia, la angustia, es el frenético uso de las redes sociales para postear tus amarguras, en donde como payasos ocultamos esta desazón con chistecitos de velada pesadumbre.

Es menester entonces hacer un ejercicio mental y repasar todas esas pequeñas cosas que hacemos ahorita, esas pequeñas miserias que creemos vivir; las poquitas libertades democráticas que nos quedan; las relaciones que estamos estrechando con desconocidos en las maratónicas colas para comprar,  no sé, cemento, champú o pañales; los tres periódicos que no están en manos de los bolichicos; los cinco dólares que nos quedaron en la gift card y lo más importante: el compartir con familiares y amigos que ahora nos resulta rutinarios pero que en una década va a pasar a ser parte de nuestras añoranzas.

Así que en este preciso momento puedes ser feliz y no lo sabes, tonto.

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