No me vuelvo a fanatizar, totalmente para qué

Luego de un análisis introspectivo, exhaustivo y asertivo, se puede aseverar que ridículos nos ponemos cuando entramos en
el terreno del fanatismo, llámase equipo deportivo, partido político o alguna otra causa perdida como ecología,  ser vegetariano o caer más bajo aún como ser amantes de los gatos.

¿Pero por qué esta nota de amargura? ¿por qué no volverse a fanatizar? Porque después del efecto analgésico y placentero que pueda producir estas desaforadas pasiones, viene el despertar, el abrir los ojos y es allí que tomamos en cuenta que no vale la pena el precio de ese momentáneo efecto orgásmico, por las altas facturas que cobraría la implacable realidad.

Actualmente regresó el opio del pueblo, el béisbol, el cual viene a sustituir la orgía opiácea que fue la campaña presidencial. Ya los caraquistas y magallaneros, comienzan a reclamar su atención mediática y se inicia la banal pseudo rivalidad de estos compinches del raiting y de las ventas de la boletería.

Los eternos rivales o el cascarón de venevisión para justificar una transmisión televisiva. Desfile de orgullosos vencedores fanáticos al día siguiente y de valientes perdedores escatológicos que henchidos de gallardía afirman: “ese es mi equipo, gane o pierda y no lo cambio por nada. Magallanes pa’ todo el mundo” y deja escapar un gritico de orgullo amanerado y da muestras como si fuera a soltar una lagrimita.

Es así que nos unimos a este rito social, nos apegamos a esta arista de la cultura pop venezolana y tomamos un bando; caraquista o magallanero, ser o no ser, o si eliges un tercero tienes que justificarlo con una partida de nacimiento o eres tachado de desertor de algunos de estos oligopólicos del béisbol. Por supuesto no es un delito vestirse de pelotero los siete días de la semana, estimular a la industria textil y buhoneril del país, que bastante falta le hace diversificar el consumo interno porque no sólo se va a gastar lo poco que no se comió la inflación en amazon y la lechuga verde.

Se podría decir que no es dañino fanatizarse sanamente por algún pasatiempo o alguna otra causa, mientras no te vuelvas un yonki de las mismas y lo conviertas en el opio central de tu vida. Tremendismos aparte, seas yonki, geek, freaki o no quiera Dios un talibán de estas vanidades, hay que tener mesura, dominio propio, no permitir ser alienado por estas causas vacuas, de cuestionables partidos políticos, de corporaciones chupasangre, para el cual solo somos idiotas prostitutos que le servimos para depositarles un voto o en su lugar zombies come pasión por la pelota.

Entonces para sobrevivir ante la vorágine de la convivencia social y no ser tildados de ermitaños, gruñones antisociales, loser, aburridos y anticuados y demás epítetos denigrantes, pero tampoco volverse unos loquitos; hay que someter cada una de estas pasiones deportivas y políticas, principalmente, ante el ridiculómetro y el cursímetro, para medir hasta que medida estamos siendo unos soberanos ridículos y idiotas cursis, cuando defendemos quijotescamente esas pasiones corporativas y esas causas demagogas. Por supuesto estos artilugios se pueden comprar, abonando sentido común, cultivando la madurez y valiosa sabiduría, en nuestra vapuleada cuenta de la cordura y de la prudencia.

De esta manera, luego del carnaval político de las elecciones, de corazones de mi patria victoriosos, de soberbios caminos unigénitos truncados, de icónicas gorritas tricolor, de depresiones post traumáticas electorales; va a ver corazón de Caterina Valentino para apasionarse a otra causa banal y mediática como el béisbol. Quizá para el próximo año, cuando el despecho se haya disipado y se quiera adormecer un poco la realidad con una banalidad contagiante que a la final no defraude mucho, al menos si eres de los tiburones.

El espejismo del multinivel y otras utopías.

“Visualiza la casa de tus sueños” “No seas esclavo de un trabajo formal” “Se tu propio jefe”. Frases henchidas de optimismo y más exitosas que promociones de el aprendiz, te la repiten periódicamente olvidados ex-compañeros de trabajo, la vecina que vende hasta el marido, tu proveedora de hallacas y quesillos, un primo oportunista o algunos otros emprendedores de catálogo. Estas son las prepagadas y hipócritas frases del avaro y estafador demonio de las oportunistas y cambiantes empresas multinivel.

multinivel

Este paraíso perdido de los negocios, el oasis de los osados de las aventuras empresariales, redención de los desempleados crónicos. Se transmuta y cambia de rostro según como les sople el viento. Es multinivel, multifactorial, multifacético. Una hidra astuta que nunca termina de morir. Hipnotiza, idiotiza y esclaviza a ilustres ilusos que después te quieren hipotecar con su estafa.

De esta manera, los tontos idealistas que caen en sus redes. Son alienados, mentirosos y estafadores de manual. Ya no son tus amigos, tus queridos primos, apacibles vecinos, fieles compañeros de trabajo, sino que ahora son el ejército zombie de alguna oscura transnacional de jabones milagrosos que te protegen del VIH, de cuestionables medicinas oscurantistas infalibles que te harán casi inmortal porque no te va a picar ni coquito; ni la sábila mística del Chivo Negro se puede resistir al poder de realismo mágico de estos truculentos productos.

Este letal virus, se alimenta del cuerpo famélico del desempleado, del inconformismo de los malpagados empleados, de amas de casas frustradas y de toda la fauna de idiotas crédulos que aún esperan a San Nicolás. Hay que estar alerta, cualquier vecino que nunca te saludaba, la excompañera sensual que ni te miraba, el primo tercero que se creía cuarto sucesor al trono de Reino Unido, el día menos pensado te pueden hacer una llamada, proponiéndote un negocio. No te hagas muchas ilusiones, ni gastes neuronas visualizando múltiples escenarios, porque lo que te van a proponer es la oportunidad de negocios de tu vida, la ansiada estabilidad económica, la libertad de retirarte de ese esclavizante trabajo, la comodidad y la tranquilidad de recibir un cheque mensual de cuatro ceros y en divisas libre de inflación y devaluaciones de repúblicas bananeras. En donde tan solo debes de cancelar unas cincuenta unidades tributarias para comprar el paquete místico de iniciación a esta especie de culto religioso-empresarial, asistir como un connotado fanático extremista a todas las reuniones, charlas y demás aquelarres de lavado de cerebros de pachulí de superación personal y empresarial, así como leer cuanto material cursi de auto ayuda exista en el mercado. Convertirte en el más molestoso evangelizador de multitudes, el más hábil maestro manipulador de conciencias, en un apóstol de la eficiencia y de la altísima calidad interestelar de los productos fraudulentos, piratas y tapaamarillas que se proponen vender.

Así que no solo se hipotecan, ponen en riesgo de perder el trabajito que tienen, la pareja, los amigos, sino que se convierten en inmorales, mentirosos, manipuladores y, candidatos a ser parte de tu bestiario de ladillosos, como los loquitos vendedores de herbalife, anway y demás clones, igualmente cuestionables y fraudulentos.

Así que la próxima vez que recibas esa llamada inesperada de ese último amigo del feizbuc, recuerda a este post franco y reaccionario y apréndete una repuesta contundente, sincera pero amable y dile que no estas interesado en ninguna utopía multinivel, ni en ningún clon de herbalife. Así que sacúdete asertivamente y no te sometas a esas torturas de superación personal. Se astuto y no caigas en estas trampas por solo quedar como amable y buen samaritano.