Desempleo, enfermedad y estar privado de libertad, tres analogías de crisis existenciales al límite

Si la vida es un camino, en esta hay baches, obstáculos, trochas y algunos abismos; estos últimos, cuando los vaivenes del camino te llevan al límite, es porque aparecen las crisis existenciales; sufridas experiencias amargas que no se le desean ni al peor enemigo, situaciones que más que madurar el alma, hacen que surja un oculto lado oscuro. Muchas son las mal vivencias que desencadenan estas temidas crisis; el desempleo, la enfermedad y estar privado de libertad, pueden llegar a ser la diferencia entre vivir y sufrir. Parece extremo, pero todos en algún momento de la vida, experimentan al menos una de esas amargas experiencias.

Este trino de desgracias, están emparentadas por encerrar con barrotes de desesperanza a sus cautivos. Aunque estar privado de libertad está literalmente claro, estar desempleado es estar privado de recursos financieros, se pierde valía y se devalúa a la persona. Padecer  una enfermedad crónica, donde cada día se mengua el aliento de vida, se priva la esperanza y se hipoteca la vida. El desempleado y el enfermo, vagan así como zombies, temidos cadáveres exigiendo derechos de empleo y salud, a los gobiernos, a particulares, a los pudientes, a insensibles familiares y conocidos; pero nadie entiende tu dolor y después de un largo tiempo empiezas a ser molestia y no un necesitado. En este punto, la depresión se convierte en impotencia y de allí a la furia, a la desesperación, sólo depende de una sólida fortaleza mental y a una dilatada trayectoria espiritual.

Así que la esperanza se transforma en amargura, el desespero de ver la luz al final del túnel, es una constante tortura y se cree que la distancia de ese oscuro túnel de abatimiento es interminable; que la nube negra de pesadumbre no se moverá nunca y más bien parece que cada día empeora. Que cada ves se hunde más en ese solitario pozo de la desesperación lleno del atribulado lodo cenagoso. Los buenos deseos de terceros parecen burlas, te culpan de pesimista y de no sacar más fuerzas, cuando has hipotecado todos tus sueños y esperanzas.

Muchos bribones en estas situaciones, solo les queda el recurso de recurrir a la misericordia divina; desempolvan sus ídolos de porcelana o se arrodillan implorando piedad. Los que se consideran justos y no bribones, algunos aceptan estoicamente su destino, otros como fieras enjauladas muestran su verdadera naturaleza primitiva. Todos al final quieren ser libres de sus prisiones para luego volver a endeudarse, abusar de la salud, seguir delinquiendo; como la marrana que limpian y vuelve al charco, solo que estos marranos protestan más cuando se encharcan.

Si el fin es estar libres, tener empleo, independencia y solvencia económica, hay que apreciar esta libertad y obrar con mesura; si el objetivo es vivir sanamente, no abusar de la misma es el norte. Valiosas son éstas libertades, por eso deben de ser bien conservados para mantenerlas por mucho más tiempo. Así que este oscuro túnel no es infinito, la nube negra es pasajera y algún día llegará alguien para sacarte de ese pozo de desesperación y así poner tus pies sobre peña.

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