Cancer Presidencial, 2° Gran Misterio Colisionador de la Mitología Chavista

En el largo transcurrir de esta aventura de 13 años de una pretendida Revolución Socialista, sin contar la asonada frustada transmutada en profética, mucho ha sido el verbo que se ha desatado, ríos de tinta, de titulares, de gacetas, de sesudos análisis de opinión; pero una cosa es segura, más nunca Venezuela será aburrida política, económica y socialmente. Desde el por ahora no ha cesado un día que no se ha generado noticias, escandalos, denuncias, amenazas y insultos. Y de entre todo ese maremagnum de lugares encontrados, de frases, de eventos, de momentos; se ha venido construyendo una mitología chavista, una típica cosmovisión política venezolana, heredera del costumbrismo latinoamericano, del endémico caudillismo y del peculiar humorismo criollo producto del bochinche, el relajo y de la jodedera.

Reconociendo entonces que esta realidad político social de Venezuela mantendrá ocupado por unos 100 años más a los intelectuales de turno, es preciso resaltar que en entre toda esta vorágine de anécdotas y información, por los momentos han surgido dos (02) grandes eventos, los cuales no se exagera al denominarlos Grandes misterios colisionadores de la mitología chavista, los cuales son: la muerte de Danilo Anderson, envuelta en un halo de misterio, intriga y altas traiciones, con todos los ingredientes para caldo de cultivo de las más variopintas teorías conspirativas y esta segunda que nos ocupa actualmente: el misterioso, escatológico, inoportuno e indefinido cancer presidencial. Padecimiento que ha sumido en vilo no solo a toda una nación sino igualmente a buena parte del mundo, en una carrera contra el tiempo, la especulación y la interpretación de las distintas cábalas, augurios, profesías y diagnótiscos sombríos sobre el desenlace de este enfermedad de estado.

Asistimos diariamente a los carnavalescos mítines de apoyo espiritual a favor de la salud del Comandante y vemos con sorpresa que el mediático cancer no solo ha estremecido a la soberbia de la Revolución socialista del siglo XXI sino que ha sido catalizador de un sorprendente movimiento ecuménico, un sincretismo nacionalista con personalidad llanera y los espirítus de la sabana como decanos de ese concilio lastimero que mueve la maquinaria partidista. Oraciones, rezos y místicas danzas indigénas se han unido en una competencia de postestades para reclamar la salud del endiosado presidente; oportunistas pastores, curas, santeros y toda suerte de seudos sacerdotes oficiantes de cualquier fe, esperanza, prosperidad y patraña superacional, elevan sus más entrañables deseos de sanidad. El #palantecomandante, guerrillero comunicacional, atiza a una Venezuela convulsionada por las mareas rojas rojitas de empleados de PVSA, los mercenarios del Frente Francisco de Miranda y toda la fauna tarifaria que pueda comprar los petrodolares. Es allí que atisbamos que no estamos en la hacienda principal del caudillo mesiánico bolivariano de turno, sino que somos participantes de un contemporáneo reality show latinoamericano habilmente orquestado por la gerontocracia castrista, el cual ha dado un inesperado giro telenovelesco pero que astutamente los matusalenes caribeños han logrado sortear olimpícamente y lo han transformado en una ventaja competitiva, apelando a la legendaria solidaridad venezolana que a todo lo malo lo reverencia como sacrosanto.

Así que el místico tumor recurrente de la zona pélvica , el cual José Marquina barajea que sería un leiomiosarcoma, es a la vez colisionador y unificador, dos caras de una misma moneda como sea el cambio que generará finalmente; si eleva al Comandante Presidente al olimpo de los guerrilleros del tiempo, al lado del Che Guevara, insertándolo en la folclórica mitología venezolana, al lado de Guaicaipuro y María Lionza o si sana por las elevadas y multitudinarias vigilias plañideras de ceñirse de cilicio y revolcarse en ceniza, las cuales desatarían las bandas espectrales de Venezuela y vuelve como un semidios venciendo ahora a la capitalista muerte o en cambio por única vez el difuso electorado venezolano vota por convicción y no por pasión.

Espereramos la jugada final de…¿Los espíritus de la sabana?