LA ENTREVISTA
¡UPAA!, ¡YESSS! Ya somos tomados en cuenta, alguien necesita de nuestros servicios ¡POR FIN! Nos llaman.
Tenemos una entrevista, alegría para nuestros seres queridos, noticias que decirles a los que todos los días nos preguntan religiosamente si ya estamos trabajando; carboncito que aún mantiene la llama de nuestra esperanza; cuenta sin fondo con la que especulamos comprar a todo MERCADOLIBRE.COM.
Revisamos nuestro guardarropa, escogemos la mejor pinta—porque será que siempre se hace eso al igual que un funeral—nos cepillamos tres veces la boca, ya que no hay hilo dental ni enjuague, y esta obsesión compulsiva es para evitar que la presión pudiera hacer surgir un halitosis inoportuno e infernal; desempolvamos viejas formulas de física, acerca de aceleración, velocidad inicial, velocidad final y tiempo, esto con el propósito de llegar a la hora exacta de la entrevista, ni un segundo menos ni un segundo más, ya saben para ganar más puntos con el entrevistador. Y he aquí comienza la paranoia, comenzamos a calcular a que hora exacta debemos agarra el bus, ni pensar en taxi, para que cuando lleguemos a la parada y entremos a la oficina sea la hora exacta de la entrevista, ya que si rondamos afuera esperando el tiempo, pueden llamar a la policía creyendo que eres un secuestrador express.
Vas a camino a tu entrevista, tratando de bloquear a esa persistente imaginación, de no soñar con esa idílica vida laboral, de excelentes compañeros y compañeras, jefes extraordinarios, triunfos laborales, manejando tu Mazda 3 o tu Tucson.
Todo iba bien, hasta que llega el momento crucial.
Siempre nos dejan solos unos segundos y empezamos a respirar profundo y a decirnos “no estoy nervioso, no estoy nervioso” y a controlar esas manos, en donde nos dan una severa artritis aguda que nos obliga a quebrarnos las manos a cada instante.
Viene el hombre o la mujer y empiezan con una simpatía que produce terror con su batería de preguntas. De tantas entrevistas ya podemos controlar las manos pero los pies los doblamos y lo cruzamos a cada rato, tratando de descargar la tensión del momento.
Vemos al entrevistador de turno como un juez de la inquisición o a un verdugo de la revolución francesa. Y nos decimos “yo puedo estar en su lugar, ese no es más que un tipo o una tipa más”,pero no, cuando comienzan las preguntas complicadas, de las cuales no se de donde sacan; preguntas que parecen que no tienen respuestas, de: “cuando fue tu mayor éxito y no me digas que fue cuando te graduaste” que vamos a acordarnos cuando fue ese éxito o “cuando fue el momento que tomaste una mala decisión” que vamos a saber de eso, eso se olvida; claro al otro día tienes una respuesta para eso, porque no dormiste pensando que de esa respuesta que diste no te dieron el trabajo.
Luego preguntan por la experiencia, algunos tendrán de que hablar, pero que de los que nunca han tenido un trabajo salvo la pasantía, que digo, de los tres mesesitos pichurros que te dieron a regañadientes.
Esto es una paradoja, para conseguir un empleo necesitas experiencia, pero tienes experiencia si te dan el empleo, pero no te dan el empleo por que no tienes experiencia, pero como voy a tener experiencia si nadie me da empleo. Pero si dices que cuidaste niños, taxeaste, formaste una cooperativa, diste clases en la Misión Sucre, esa m….. no vale para nada. Es una dictadura, deberían de hacer una misión empleo para resolver este peo.
Luego nos dicen que estaremos llamándole, cosa que nunca hacen, amen de los bienaventurados que si llaman.
Ayy luego viene la etapa dura, una depre de magnitudes galácticas, en la que nos sometemos a un intra-psicoanálisis introspectivo despectivo en la que nos preguntamos: “será que no sirvo para nada” “será que pasé 07 años en la universidad para nada” “será que me hubiera ido mejor si me fuera dedicado se obrero de la construcción, ve al vecino no fue ni al liceo y ya tiene carr y tres mujeres” “será que tengo que doblegar mi orgullo y dedicarme a taxear o meterne a buhonero, o decirle a mi mamá que monte una bodega”
¡AYYY DOLOR!
Pero como masoquistas venezolanos que somos, decimos al menos me llamaron para entrevistarme, de 100 currículum que introduje, me llamaron a una entrevista. ¡YEAH!
